Blancos, perlados y suaves.
Tus pies tan grácilmente bruñidos.
Miro tus pies moviéndose,
moviéndose a un ritmo extraño
que parte de ti.
Miro la finura y exquisitez
con que Dios llenó esos pies
y quiero ser alpargata,
esa alpargata que los cubre
y roza sobre su deliciosa piel.
Si cumpliera la frase:
"caer rendido a tus pies",
no sólo caería rendido
sino que loco de amor y deseo
agonizante los acariciaría
y en un estruendo orgásmico
los cubriría con mis besos.
Miro tus pies y me gustan.
Miro tus pies y me excito.
Miro tus pies y los amo.
Miro tus pies... y se alejan.